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Roy Lichtenstein (Nueva York, 1923-1997), muestra en Madrid una retrospectiva de su obra -desde 1961 hasta 1997, año de su fallecimiento. El Centro de Arte Reina Sofía rinde así homenaje póstumo al, para muchos, el autentico rey del pop art norteamericano, a pesar de la fama y popularidad de su compatriota Andy Warhol.
La exposición, ha sido organizada por el Louisiana Museum of Modern Art, cuenta con préstamos de extraordinaria importancia gracias a la contribución de muchos de los museos más prestigiosos del mundo: la National Gallery de Washington, la Tate Gallery de Londres, el SFMOMA de San Francisco, el MOCA de Los Angeles, así como museos de ciudades como Frankfurt, Düsseldorf, Zúrich y Basilea. Junto a estos centros a recibido aportaciones devarias colecciones privadas con obras de especial relevancia. Por ultimo ha sido fundamental la colaboración de la Fundación Roy Lichtenstein de Nueva York.
Lichtenstein dirigió su mirada en dos direcciones: el ingente archivo de pinturas de la historia del arte y el banco descontroladamente creciente de imágenes pertenecientes a la cultura contemporánea norteamericana. Según afirmaba el pintor, las imágenes de la historia del arte sobresalen con tal fuerza que han dejado una impronta en nuestras mentes a modo de logotipos artísticos.
Lichtenstein también descubrió rápidamente el poder que ejercen las imágenes de la cultura popular, ya se trate de la simple representación de un objeto -una cocina, unas zapatillas de deporte, un perrito caliente o cualquier otro producto cotidiano inanimado- o de una representación más ingeniosa, sentimentalmente hablando, y melodramática de los sentimientos y los conflictos, dentro de cuya categoría sobresalen las viñetas de cómic. En ambos casos Lichtenstein buscaba lo mismo: una imagen clara y potente que la gente pudiera reconocer inmediatamente. Y sin lugar a dudas sus cuadros son así, agudos, precisos, potentes en cuanto a color y superficie. En ellos no hay lugar para la turbidez pictórica, no encontramos «luces nórdicas» o crepúsculos románticos, pinceladas o brochazos, no hay rastro del alma escéptica del pintor, de su mano temblorosa o su gesto extasiado. Por el contrario, el universo de Lichtenstein es más bien frío y mecánico, su habilidad artística se basa en el talento gráfico y la fuerza compositiva. |
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