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El escultor alemán Gregor Schneider no encuentra ubicación para su cubo de color negro. Primero fue Venecia la que rechazó tajantemente la idea original de artista que situaba el la enorme escultura cuadrada en la plaza de San Marcos. La excusa rozaba más lo político que lo artístico auque el miedo a romper la armonía de uno de los lugares más visitados del mundo tuvo estaba más que justificado según responsables de la ciudad. Posteriormente fue Berlín la que rechazo la obra a la que el escultor dio el conveniente baño de marketing cambiando su nombre y el sentido del proyecto que en su día presento en Venecia. Al final, para muchos, Schneider esta pretendiendo abrir un debate que lleve a una polémica, lo que facilitará la difusión mundial de la obra, y atraerá a posibles interesados. |
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