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ARMANDO CANO REDONDO


Finalista en FAD

El arquitecto conquense, Armando Cano Redondo, junto con al Edificio de Oficinas y Sala de Exposiciones de Areniscas Rosal, en Caravaca de la Cruz, ha sido seleccionado como finalista de los premios FAD que concede el Foment de les Arts Decoratives y que se dirigen a personas, entidades o instituciones que hayan presentado, antes del 1 de febrero, obras terminadas durante el año anterior en el territorio de España y Portugal. Fueron fundados en el año 1958 por el arquitecto Oriol Bohigas y están divididos en 4 categorías arquitectura, interiorismo, espacios exteriores y espacios efímeros. Entre los arquitectos galardonados por los premios FAD se encuentran Rafael Moneo, Norman Foster, Enric Miralles, Eduardo Souto de Moura, o Jose Antonio Coderch.
En total se han presentado 504 trabajos y han concurrido arquitectos y arquitectura de importante relevancia mediática, que han resultado finalistas junto con arquitecturas y arquitectos menos conocidos, que cuentan con las mismas posibilidades de hacerse con el premio FAD, que se entregará en el CosmoCaixa de Barcelona en el mes de Octubre. La terminal T4 de Barajas, de Rogers-Lamela, la Torre Agbar de Jean Nouvel, el Edificio Mirador de Blanca Lleó y MVRDV, el mercado de Santa Caterina de Miralles-Tagliabue, son algunos de los treinta finalistas, junto al Edificio de Oficinas y Sala de Exposiciones de Areniscas Rosal, S.A., en Caravaca de la Cruz (Murcia) realizado por el joven estudio de arquitectos compuesto por el mencionado Armando Cano Redondo, natal de Cuenca; y sus compañeros de estudio, la murciana Maria José Muñoz y el burrianense José Durán Fernández.

Según el arquitecto conquense el edificio consiste en una gran roca en el paisaje de 18 x 18 metros. El edificio nace a partir de la idea de considerar el edificio como una gran roca de su cantera dejada caer en medio de ese árido y seco paisaje. Permanecerá un reflejo de este paisaje en el corazón del edificio como patio, en el cual crecerá un olivo recuperando el centro geométrico del cuadrado perfecto. Desde el exterior una roca objeto expuesto al árido paisaje, desde dentro un espacio-patio protegido.Según Aramando Cano, el cliente nos pidió un único espacio de trabajo y una zona de exposición para sus productos de piedra natural, y que en el edificio se respirara un ambiente tan familiar como en el pasado. Por lo tanto, una primera idea sería considerar el espacio interior tan flexible y fluido como fuera posible, para que fueran así también las relaciones entre los trabajadores. Dentro de la roca habría vistas en todas direcciones, sin secretos, sin rincones para esconderse.

Si pensáramos cómo trabaja un escultor, de fuera hacia dentro, sustrayendo material, entenderíamos cómo hemos concebido el proyecto: El patio, vacío en la masa, distribuye, orienta, ilumina y protege. Rectangular y desplazado respecto al cuadrado que es la planta, organiza las circulaciones entorno a él, en una suerte de claustro, o mejor, de impluvium romano.


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